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Dialogos Interseccionales

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¿Por qué un proceso de diálogo multiactor?

Este proceso, llamado Rutas Hacía el Futuro, se concibió como una serie de sesiones de diálogo y construcción colectiva en las cuales diversas voces se encontraron para imaginar y diseñar las bases de una Alianza Global para el Desarrollo de Habilidades Laborales. El proposito fue trazar caminos para una migración laboral segura y sostenible, dentro de los cuales las personas puedan desarrollar sus talentos y contribuir plenamente a las sociedades de origen y destino.

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El proceso

Con el propósito de avanzar hacia la construcción de una Alianza Global para el Desarrollo de Habilidades que beneficie a las personas migrantes, a sus comunidades de origen y a las sociedades receptoras, se busca consolidar una visión compartida sobre el futuro de la migración laboral. Este esfuerzo incluye identificar los principales desafíos y oportunidades para promover una migración laboral segura y sostenible, así como generar acuerdos y estrategias que permitan transformar el diálogo en acciones concretas.

El futuro de la migración laboral no debe dejarse al azar. Se diseña con diálogo, colaboración y acción estratégica.

El proceso se desarrolló en tres encuentros diseñados para conectar experiencias, imaginar escenarios y construir estrategias compartidas.

Imaginar juntos

20/02/2025

​Se comienza con las voces de quienes han vivido la migración en primera persona. Sus relatos permiten entender los desafíos, oportunidades y sueños que marcan estos caminos.

Crear el futuro

24/04/2025

A través de herramientas de prospectiva, se identifican tendencias y se construyen escenarios que ayudan a comprender los posibles futuros de la migración laboral en la región.

Acción colectiva

El diálogo se transforma en acción. Se identifican puntos clave de colaboración y se diseñan estrategias para que la Alianza Global para el Desarrollo de Habilidades se convierta en una realidad.

¿Quiénes hacemos parte de estas conversaciones?

En este proceso convergen perspectivas diversas y complementarias: migrantes con experiencias de vida valiosas, representantes de gobiernos, las cajas de compensación familiar a través de sus Agencias Trasnacionales de Empleo (ATE), el sector privado, academia y sociedad civil. Cada persona trae consigo una historia, una visión y un compromiso con la construcción de rutas de migración laboral dignas, justas y sostenibles. La riqueza de este diálogo radica en la diversidad, en la posibilidad de aprender juntos y encontrar puntos de acción comunes.

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Explorando los futuros posibles de la migración laboral

El futuro de la migración no es una línea recta, sino un abanico de posibilidades. A través de metodologías de prospectiva y diálogo, hemos construido cuatro escenarios distintos que exploran cómo podrían evolucionar las dinámicas de movilidad laboral en los próximos años. Cada escenario nos invita a reflexionar sobre riesgos, oportunidades y decisiones clave que marcarán el rumbo de quienes buscan un futuro en otro país. No se trata de predecir, sino de prepararnos para incidir en el presente y diseñar caminos más justos y sostenibles para la migración.

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1. El futuro está en el exterior

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Berlín, Alemania - 2045

Valeria Restrepo observaba la torre de telecomunicaciones de Berlín desde la ventana de su apartamento en Friedrichshain. A sus 34 años, trabajaba como ingeniera de inteligencia artificial en Neuralink Europe, una de las corporaciones más avanzadas en neurotecnología. En su escritorio, un mensaje holográfico del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia parpadeaba con insistencia: "Recordamos a los profesionales migrantes la posibilidad de acceder a incentivos de retorno". Pero Valeria ya no estaba segura de querer volver.

Desde inicios de la década de 2030, la migración laboral de colombianos había cambiado radicalmente. La globalización del talento había convertido a los profesionales colombianos en un bien codiciado, especialmente en sectores como la tecnología, la salud y la ingeniería. Para sostener la economía, golpeada en extremo por una recesión mundial que se prolongó hasta bien entrados los 2030 y por el sostenimiento de la descarbonización de la economía, el gobierno colombiano lanzó en 2032 el Programa de Talento Global, financiando educación profesional especializada en servicios de tecnología para miles de jóvenes con la condición de que emigraran a países aliados, enviaran remesas y acumularan conocimiento. Las universidades colombianas, de la mano de gobiernos y empresas de los países destino, ajustaron sus currículos para alinearse con las demandas de mercados como Alemania, Canadá y Australia, generando un éxodo masivo de talento.

Valeria fue una de las beneficiarias del programa. Había aceptado la oferta sin dudar: una carrera financiada por Europa pero tomada en Colombia, un trabajo asegurado, un salario en euros. Sin embargo, tras casi 10 años de vivir en Alemania, su arraigo con Colombia se fue debilitando y su interés en retornar se fue desvaneciendo. Su hermano menor, también ingeniero, acababa de aceptar una oferta en Singapur. Su madre, que aún vivía en Bogotá, le decía por videollamada: "Mija, en la familia ya nadie trabaja en Colombia".

El dilema llegó con una oferta inesperada: Neuralink le ofrecía su patrocinio para obtener la nacionalidad alemana, además de un bono de retención si renunciaba a la posibilidad de regresar a Colombia dentro del programa de talento. Permanecer significaba consolidar su vida en Alemania; volver implicaba reconstruir una carrera en un país donde las oportunidades seguían siendo limitadas y donde ya había perdido sus redes y contactos, lo que significaba en términos prácticos comenzar de cero.

Sentada en su escritorio, Valeria leyó el mensaje del Ministerio colombiano por última vez antes de borrarlo. Sabía que su decisión no era sólo personal: era un reflejo de la realidad de miles de colombianos que, como ella, habían convertido el extranjero en su hogar definitivo.


 

Reflexión:

  • ¿Es sostenible una economía basada exclusivamente en la emigración de talento apostando al envío de remesas y al retorno en el futuro cercano?

  • ¿Qué pasa cuando un país forma a su gente solo para que genere riqueza en otros países?

  • ¿Cómo evitar que la “fuga de cerebros” se convierta en un desarraigo definitivo y un golpe al desarrollo económico y social local?

2. Migrar con reglas claras

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Quebec, Canadá - 2045

Sebastián Correa tomó su café con manos temblorosas mientras revisaba su contrato. Su visa de trabajo expiraba en seis meses. Siendo beneficiario del acuerdo de Migración Circular entre Colombia y Canadá, tenía dos opciones: regresar a Colombia con el incentivo de quizás poder volver en un futuro cercano por otra temporada o intentar extender su estadía, pero sin garantías laborales ni estatus migratorio claro.

El sistema, diseñado para retener el talento colombiano, funcionaba en papel: soldadores, técnicos especializados, agricultores migraban temporalmente y luego retornaban con ahorros y experiencia. Sin embargo, en la práctica, una buena parte de los migrantes no quería regresar. La calidad de vida en Canadá era superior, y muchos hacían planes sobre cómo podrían traer a su familia y poderla educar y vivir allá.

Sebastián se encontraba atrapado. Volver a Medellín significaba enfrentar la inestabilidad. Siempre le había preocupado el sistema previsional en Colombia, luego de que a finales de la década del 20 las reformas al sistema de salud y al sistema pensional no terminaran de dar los resultados esperados, sus deseos de vivir donde pudiera tener un futuro más estable se convirtieron en planes y migró. No quería recomenzar una búsqueda laboral y preocuparse por la seguridad. Justo eso era lo que sentía que había dejado atrás. Pero quedarse significaba renunciar a la estabilidad legal y financiera que le ofrecía el acuerdo de migración laboral entre Colombia y Canadá. Lo más frustrante era la incertidumbre: ¿Sería posible buscar un mecanismo para extender su visa (o cambiar de estatus migratorio) antes de que le exigieran regresar?

Una noche, en una reunión con otros colombianos, una colega le dijo: "Nos convirtieron en peones de un sistema que no nos deja echar raíces ni aquí ni allá". Y tenía razón. Sebastián solo quería ejercer su profesión con estabilidad, pero la política de migración circular lo mantenía en un estado permanente de transitoriedad.

Al mirar su contrato por última vez, supo que pronto debería tomar una decisión imposible.

Reflexión:

  • ¿Los acuerdos de migración circular benefician a los migrantes o solo a los gobiernos y a los empleadores en los países de destino?

  • ¿Cómo equilibrar la necesidad de mano de obra en otros países con el derecho a una vida estable para el trabajador migrante?

  • ¿Debe un país de origen condicionar el regreso de sus ciudadanos si han encontrado mejores oportunidades afuera?

3. La migración imposible

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Madrid, España - 2045

Diana Quintero observaba la fila interminable de solicitantes de visa frente al consulado de España en Bogotá. Sabía que muchos no lograrían obtenerla. En los últimos años, Europa había endurecido drásticamente sus políticas migratorias, exigiendo certificados de alta especialización y comprobantes financieros casi inalcanzables para la mayoría. En un país en el cual la educación especializada se volvió más cara que tener un mercedes y una enorme casa, solo un pequeño grupo de colombianos con posgrados y credenciales internacionales que habían estudiado en colegios que parecían embajadas alemanas, británicas y francesas podía aspirar a una oportunidad real. 

Colombia se había convertido en un país de comerciantes. No se vivía mal, pero la mayoría de personas ejercían el comercio informal. Muchos hacían buena plata, pero el perfil se mantenía bajo: la mayoría de familias colombianas habían abandonado la narrativa aquella de “casa, carro y beca”. Con tener para ir una vez al año a la costa y pasar las navidades en familia con buen trago y buena comida bastaba. Por eso se decía cada vez más: ¿Para qué estudiar? Con un negocito basta.

Diana, sin embargo, no tenía otra opción. A ella ni pa’l negocito le alcanzaba. Venía de una familia de campesinos que había sufrido los estragos de la tecnificación extrema del campo a manos de capitales extranjeros. Muchos campesinos habían logrado ser dueños de un pedazo de tierra con un éxito a medias de una reforma agraria que llegó demasiado tarde. Pero al carecer del capital para competir con tierras tecnificadas, terminaban arrendando a precios de nada y ni les alcanzaba para comprar los tomates que se cosechaban en su propia parcela. Miles de trabajadores manuales, como ella, habían sido desplazados. El trabajo en la construcción, el sector agrícola y la manufactura estaba dominado por robots y sistemas de inteligencia artificial. Para los trabajadores no calificados, el desempleo se había convertido en una sentencia de pobreza.

Cuando finalmente llegó su turno en la ventanilla del consulado, el funcionario ni siquiera revisó sus documentos completos antes de decirle: "Lo siento, pero su perfil no cumple con los requisitos".

Desesperada, recurrió a una red de tráfico de migrantes que ofrecía documentos falsificados y contratos laborales fraudulentos. Terminó en Madrid trabajando en condiciones de explotación extrema, sin salario fijo y con jornadas interminables. Sin papeles y sin protección, su situación la hacía vulnerable a la trata de personas y la esclavitud laboral.

A medida que más países endurecían sus fronteras y los empleadores reemplazaban a los trabajadores con tecnología, miles de migrantes como Diana quedaban atrapados en un ciclo de ilegalidad, pobreza y abuso. La migración laboral segura se había convertido en un privilegio para pocos, mientras que el resto solo podía sobrevivir de la mano de Dios.

Reflexión:

  • ¿Qué medidas podemos tomar hoy para evitar que este escenario se haga realidad en el 2045?

  • ¿Cómo pueden los programas de formación y capacitación laboral adaptarse para que más personas puedan acceder a empleos en mercados internacionales?

  • ¿Cómo podríamos fortalecer mecanismos de regularización migratoria para prevenir la precarización y la clandestinidad de los trabajadores?

  • ¿Qué responsabilidades tienen los gobiernos de los países de origen para proteger los derechos de sus ciudadanos en el extranjero?

  • ¿Cómo pueden los países receptores diseñar políticas migratorias más justas sin comprometer sus intereses laborales y económicos?

4. El pasaporte colombiano ya no es necesario

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Bogotá - 2045

Mariana Gil, consultora de movilidad global, asistía a una conferencia en la que se discutía el futuro de la ciudadanía. En 2045, el concepto de nacionalidad estaba en crisis. Con el auge del "pasaporte global", los profesionales ya no necesitaban atarse a un solo país.

Grandes corporaciones tecnológicas con sedes en países que promovían el pasaporte global ofrecían contratos de movilidad en lugar de visas, garantizando acceso a vivienda, salud y educación en cualquier país. Sin embargo, no todos los gobiernos estaban dispuestos a ceder el control sobre su población y por tanto a acogerse al Pasaporte Global. Colombia, en particular, implementó una medida drástica: revocar la ciudadanía de cualquier colombiano que optara por el Pasaporte global.

Cuando Mariana intentó ayudar a un grupo de colombianos a unirse al programa de Pasaporte Global, el gobierno canceló sus registros civiles. Sin documentos nacionales, a estas personas se les removieron los derechos y posibles beneficios en Colombia y quedaron dependiendo de su contrato de movilidad, que podía (o no) ser renovado. En caso negativo, las personas quedarían en un limbo legal, sin nacionalidad.

El debate sobre la movilidad global alcanzó un punto crítico. ¿Debe la ciudadanía seguir siendo una cuestión de nacimiento o un derecho adquirido? Mientras el mundo se transformaba, Colombia y otras naciones insistían en mantener su control territorial. Mariana observó la crisis con preocupación: el futuro de la migración pendía de un hilo entre la libertad y el control absoluto.

Reflexión:

  • En un mundo cada vez más globalizado económica y socialmente, ¿qué acuerdos pueden impulsar gobiernos y empresas de alcance multinacional?

  • ¿Cómo podrían los países competir en la atracción de talento en un mundo sin fronteras?

  • ¿Es posible un sistema en el que las personas no dependan de un solo gobierno para obtener derechos y servicios?

Para profundizar en la conversación, también puedes escribir a:

Olga Romero:
oromero@worldbank.org

Luz Stella Rodriguez: lrodriguez3@worldbank.org

¿Tienes alguna pregunta sobre este proyecto en Colombia?

Si quieres conocer más, escríbenos. La migración es un fenómeno global que nos involucra a todos. El futuro se construye juntos.

Para profundizar en la conversación, también puedes escribir a:

Olga Romero:
oromero@worldbank.org

Luz Stella Rodriguez: lrodriguez3@worldbank.org

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